MUJERES QUE VALEN LA PENA

Estándar

-Ay! me quedé dormida!- dijo la mujer levantándose de aquella caja cubierta de estropajos, ya eran las 19 hrs. y se había sentado en el cajón, que a falta de sillas, le quedaban muy bién en su cocina.
Se paró rápidamente y caminó sobre el suelo de tierra de su cocina, dió una vista general por su casa, y bueno…no era lo que ella había soñado, pero los hijos tenían techo…y eso importaba.
Caminó al patio y vió lo que su marido le había dejado de “regalo”…ocho cajas para encarnar…, se sentó y comenzó a recordar su juventud…alguna vez había sido bella y la más reconocida de la población esmeralda, todos le decían la “modelo”, por su parecido a las esculturales figuras que veía diariamente en televisión y a quienes copiaba la manera de caminar. Que afortunada se sentía cuando cinco hombres la pretendían!! y claro, ella eligió al más apuesto de todos.
-Sí…reconozco que era la envidia de todas las adolescentes- decía en voz alta mientras se le escapaba un suspiro. Se sentía odiada por haber sido la elegida y no ellas.
Y ahora, ese guapo y apuesto muchacho le había dado seis hijos, sonrió cuando recordó las palabras del matrón Don Mario: Cuidate chiquilla! vas a parecer coneja!, y sin darse cuenta, ya estaba el próximo año, confirmando nuevos embarazos.
Miró las cajas con ternura, sus manos estaban enrojecidas por el frío..-este Juan ya me deja sorpresas-.
El tiempo había estado malo y los botes no podían salir, sólo las lanchas, que para ellos encarnaban. Las piernas le tiritaban de frío, y no había nada para comer, sólo un mate viejo que había tomado antes de dormirse, pero mientras los hijos estén felices y satisfechos almorzando en la escuela, ella estaba tranquila, no en vano tenía 25 kilos de más, a costa de pan y café, su alimento preferido.
Mientras iba desenredando el reinal y los espineles, pensaba, quién diría que me iba a ver así, mi marido no puede salir a la mar aún por la pulmonía que cogió la última pesca, pero de algo hay que vivir, sino busco en otro lado, dicen que en el faro sale mucho luche, allá voy a buscar sino alcanzo con las cajas…-ya viene la navidad y los chiquillos no tienen que ser menos que nadie con sus regalos, yo ya tengo empaquetadas algunas cositas- .
Esta vida no es lo que yo quería, pero tengo seis preciosos hijos, un marido que …sí, lo reconozco..un poco borracho, pero no me pega como el vecino castiga a la vecina, pienso que hice buena suerte, no soy castigada por ir a la iglesia en la noche, además, a los hombres hay que cuidarlos porque sino , se van con otras mujeres, decía mi abuela. Mi casita, estos cuatro palos parados con harto esfuerzo los he edificado con mi negro…gracis a dios somos felices y vivimos tranquilos con lo poco.
Sabía que iba a trasnochar encarnando pero el dinero que vendría después lo justificaba todo.
Se subió las mangas de su blusa arrugada, y resignada por lo que le esperaba, comenzó a encarnar entonando una canción que sonaba en la radio local.

UN SUSPIRO DE AMOR….

Estoy muerta en vida…ya no quedan más lágrimas que derramar, de un rato para otro este mundo cruel se ha transformado en un hoyo y no veo nada más que la punta de mi nariz, hace frío, y mis manos están mojadas…
Ayer estaba esperanzada, llena de vida…esperando los botes que debían llegar desde San Antonio desde donde debía llegar mi viejo, nos íbamos a comprar un living nuevo con el dinero que ganaría, porque este ya está roto…
La noticia la trajo la Sra. Inés, que posiblemente los botes habían desaparecido, y que todos los tripulantes estaban muertos..rogué a Dios que me dejara al mío con vida, pero anoche se confirmó la noticia…sólo alcanzamos a estar un año casados, el mejor año de mi vida, y si algo tengo que agradecer a ese dios que me lo quita hoy, es haber conocido al amor de mi vida, haber estado en sus brazos, y saboreado su piel…sólo un año en el que fui feliz de verdad. Pero he despertado, y me encontré con la más cruda realidad, quedé sola…ni siquiera un hijo me queda de él!!!, no tengo fuerzas para levantarme…la camilla de este hospital está cómoda…si, los vecinos me trajeron cuando me dio el ataque de histeria en el muelle…Odio lo que me dio comida por tanto tiempo y ahora me quita la felicidad, la mar es un gigante muy poderoso que domina nuestras vidas.
No quiero nada más que retroceder el tiempo y ser feliz… ojalá el doctor me dejara morir, ya no hay por qué vivir…
Mi cuerpo perdió sus fuerzas, mi piel está pálida y mi cara demacrada asusta a los vecinos, que hablan bajito y me miran con lástima cuando me ven…pero he quedado sola, me vuelvo al norte, sólo queda un buen recuerdo de esta hermosa ciudad, que me enseñó la felicidad y el amor, recuerdos infinitos cuando paseaba por la costanera con mi viejo, y el viento jugaba con mi pelo mientras él me lo arreglaba en vano… Quizás algún día vuelva, quizás no. Pero nunca voy a olvidar que Lebu me dio los días más felices de mi vida….

SIMPLEMENTE…GRACIAS

Cada mañana al caminar hacia mi escuela…te veo, fiel a tu carrito, limpiando calles…
Adoro tu simpleza, la cara amable que me dice sagradamente quitándose su gorrito y bajando la vista: -buenos días señorita-, con voz humilde y apartado de este mundo materialista y consumista que nos rodea.
La vida te ha trasformado en un ser conforme de todo, ignorante del existismo.
Mientras camino imagino tu casa modesta, con una fiel esposa esperando tranquila, amasando pan para tus hijos, que viven orgullosos y pueden jugar tranquilos porque el padre trabaja en la “Municipalidad”…que es un hombre fuerte que se esfuerza por su familia….
Doy gracias a Dios por tu existencia, porque si no fuera por ti las calles estarían sucias, y aunque, pases inadvertido para este mundo loco, que tiene su preocupación en cosas superfluas, el tiempo que dedicas para limpiar las calles es muy importante…alegras mi vida con tu ánimo matutino, me hace reflexionar el esfuerzo humano, el trabajo que cada ser humano realiza en este mundo y que es imprescindible.
Por eso dedico a ti estas líneas, porque alegras mi alma de profesora y me alientas a seguir incentivando en mis niños el respeto por cada persona y el saber agradecer.
Nunca voy a olvidar ese hombre de buzo azul, con cara alegre, arrugada por el paso del tiempo, moreno y algo colorado por las noches de cantina con los amigos.
Gracias por tu sonrisa diaria…por mantener mi calle aseada…por cumplir tu función con excelencia!!

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