LEYENDA DE LOS ROSALES DEL RÍO LEBU

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(A mi madre Telesila con cariño)

Mi anciana madre se acuerda de haber escuchado como un sucedido o como una leyenda esta hermosa narración bastante fragmentaria que me he permitido enriquecer con un poco de fantasía.

Río arriba, en el río Lebu existió una gran hacienda conocida como El Rosal o Los Rosales y como nos podemos imaginar se caracterizaba por la abundancia de rosales que adornaban las cercas desde las mismas orillas del cauce del río hasta el horizonte; asimismo la entrada a las casas patronales recibía al visitante con rosas multicolores dispuestas entre canteros, arcos, prados, rejas y magníficas fuentes que entregaban un soberbio y bello paisaje digno de los mejores parques europeos.
Tal magnificencia no era solamente un afán estético, la verdad es que las familias propietarias de la hacienda, por tradición cultivaros flores como una manera de hacer oración por las almas de un grupo de religiosas que llegaron en tiempos de la conquista con el afán evangelizador y que murieron trágicamente en medio de estos otrora salvajes territorios.
Según mi madre, escuchó dos versiones de los hechos; una de ellas decía que las monjas murieron en un malón efectuado por una aguerrida tribu mapuche que no aceptó la llegada de una nueva religión y menos la presencia de las extrañas mujeres que querían hacerles cambiar su vínculo con los dioses tutelares y la otra versión habla de una gran tempestad que las sorprendió navegando río arriba, su embarcación zozobró y en ambos casos, ellas desaparecieron sin dejar rastros y milagrosamente comenzaron a aparecer rosales por toda la ribera del río.
Dicen que en cuanto se supo la infausta noticia, los cristianos que ya había en esos territorios, pusieron flores para recordar a las santas mujeres y posteriormente los dueños sucesivos de la hacienda fueron enriqueciendo las plantaciones con flores que trajeron de todo el mundo, especialmente rosales, lavandas y verbenas.
Hoy por hoy, es posible ver un curioso prodigio, aún hay rosales silvestres a las orillas del río Lebu y en tiempos lluviosos, cuando el río trae gran torrente, bajan flores que van a desembocar en la bahía de la ciudad, produciendo siempre gran admiración entre los lugareños.

Según la creencia de mi madre, estas son solicitudes de oración que hacen las almas de las desdichadas religiosas que murieron río arriba en las tierras de la hacienda El Rosal.

FIN

MARÍA INÉS VEGA SANHUEZA

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